El Consejo Social de Cooperación para el Desarrollo Urbano, mejor conocido como Consejo de Colaboración Municipal de Guadalajara, ha tenido un hilo conductor que le ha permitido constituirse como un puente para la construcción de la confianza y posicionarse como un instrumento para la Gobernanza en un México que requiere, más que nunca, que el Gobierno y la ciudadanía trabajen juntos, de la mano, para poder mejorar la calidad de la vida de todos.

 

Su objetivo es despertar el espíritu de participar en la construcción de una mejor Guadalajara. A través de la cooperación y la colaboración se trabaja en conjunto para la consecución de un fin común, en donde la confianza es una premisa básica para poder lograr un objetivo compartido.

 

“Colaborar para progresar” ha sido el lema del Consejo, que a lo largo de su historia se ha caracterizado por la transparencia que muestra a los ciudadanos, esto se refleja no solamente en la cuestión financiera, sino también en los permisos de obra para cualquier acción que se realice en las calles de la ciudad. Acciones que dan confianza y, sobre todo, seguridad a los vecinos que colaboran en los proyectos, así como la certeza de que una vez terminada la obra no será necesario volver a romper el pavimento para hacer cualquier modificación.

 

Desde 1943 la voluntad de muchos ciudadanos por contribuir a una mejor calidad de vida se ha visto reflejada a través de un sin número de obras hechas en colaboración. El Consejo ha pavimentado, instalado redes de drenaje sanitario, pluvial, agua potable y alumbrado público, así como también ha construido banquetas y andadores peatonales.

 

La idea de mejorar a la ciudad mediante las aportaciones de sus residentes viene desde tiempos virreinales tal como lo demuestra la construcción del Puente de las Damas, financiado por un grupo de mujeres tapatías para facilitar el cruce entre el antiguo pueblo de Mexicaltzingo y el centro de la ciudad. Fue notorio también en las grandes obras que dejó Fray Antonio Alcalde como el Hospital Civil y la Real Universidad de Guadalajara.

 

El Consejo ha sido un Organismo comprometido con el bienestar de las y los tapatíos y se ha configurado como un generoso impulsor de gestiones y proyectos colaborativos entre empresarios y gobierno, contribuyendo a mejorar la infraestructura en Guadalajara.

 

Es un ejemplo de cómo las plataformas basadas en la colaboración permiten la ejecución de obras de impacto urbano necesarias para la ciudad e impulsan a que los ciudadanos nos apropiemos y cuidemos efectivamente de los espacios públicos. Este mecanismo de democracia participativa y colaboración debe estar más vigente y vivo que nunca, dada nuestra circunstancia social y política actual.

 

Progresar para una ciudad puede tener distintos significados, más el fin último debe ser el bienestar de sus ciudadanos, que día con día caminan por sus calles y banquetas, los cuales necesitan de servicios de agua potable y un drenaje que les garantice salubridad, así como una iluminación que otorgue seguridad al transitar durante la noche. Debido a la evolución constante de las necesidades ciudadanas, el progreso es un factor de perpetuo movimiento.

 

Hoy el Consejo Social de Cooperación para el Desarrollo Urbano es el ejemplo del continuo progreso de una de las ciudades más importantes de México, que se ha cimentado en los sistemas de colaboración con el esfuerzo de sus habitantes y de sus autoridades para lograr una mejora permanente.

 

Al iniciar la tercera década del siglo XX en Guadalajara se respiraba un aire citadino que se mezclaba aún con lo pueblerino, sin embargo esto no le impedía estar bien posicionada en el mapa de México, pues ya era la segunda ciudad más importante de la República y el núcleo comercial de mayor capital del Centro Occidente. Sus jóvenes de la clase media formaban parte de las primeras generaciones de graduados de la Universidad de Guadalajara la cual se había vuelto a fundar en 1925 y ofrecía carreras que enaltecían el espíritu y creaban una clase media educada con deseos de mejorar su entorno social y urbano. Esto ayudó a que las dificultades económicas que surgieron durante los movimientos armados de principios del XX se diluyeran para dar paso a nuevas políticas de crecimiento económico.

 

La pequeña industria se perfilaba en Guadalajara como la principal actividad económica de la ciudad y atraía a personas de distintas partes del mundo para establecerse en ella. Desde el siglo XIX existían Colonias de extranjeros europeos y en los años treinta comenzaron a llegar personas desde la península arábiga. Estas migraciones trajeron consigo un nuevo estilo arquitectónico que generó contrastes en las edificaciones de la todavía novohispana ciudad.

 

Los tapatíos veían con alegría el crecimiento de su ciudad y el deseo de una urbanización ordenada empezaba a germinar en los corazones de Guadalajara.

 

Las fiestas del Cuarto Centenario estaban cerca y la Calzada Independencia se modernizaba mediante la colaboración de sus vecinos gracias a la Comisión de Planeación, Urbanización y Obra Pública que había surgido por el decreto de ley 3831 con lo que se dejaba atrás sus cantinas para dar paso a cines y teatros que se complementaban con el hermoso paseo al parque Agua Azul.

 

Los automóviles ya abundaban en la Ciudad, así que fue necesario comenzar a legislar sobre las calles y darles un sentido vial. El tranvía seguía circulando, pero poco a poco era sustituido por los camiones de ruta que podían cruzar terracería y empedrados para llegar hasta Tlaquepaque y -algunos muy aventureros- a Tonalá.

 

Para 1933 los cambios necesarios para urbanizar a Jalisco llevaron al gobernador Sebastián Allende a idear una Ley que fomentara la cooperación en los municipios con más de tres mil habitantes. Dicha Ley daría la pauta para crear una comisión entre la ciudadanía y el Gobierno para mejorar las poblaciones que tenían potencial en convertirse en importantes puntos dentro del estado.

 

Esta comisión tendría a su cargo obras de pavimentación, nivelación de calles, ensanchamiento o apertura de otras nuevas, también embellecerlas o pavimentarlas, así como la construcción de drenajes, introducción de agua potable y mantenimiento a las redes de tubería según su antigüedad. Todos estos trabajos serían solventados mediante cuotas de los propietarios de aquellos inmuebles colindantes a las obras, que se cobraban según el beneficio que recibieran tales inmuebles con ellas y a discreción de la comisión. Y de tener recursos disponibles, el gobierno estatal o municipal aportaría también una cantidad, aunque no era obligatorio.

 

Esta Ley de Cooperación, Planeación y Obras Públicas del Estado de Jalisco, derogada en 1940, fue el primer antecedente del Consejo de Colaboración Municipal de Guadalajara.

 

Para este año, Guadalajara tenía 236,557 habitantes repartidos en dos mil hectáreas de zona urbana, el crecimiento era acelerado y la necesidad de mejores vialidades, redes de agua potable, alcantarillado y alumbrado público era visible en cada esquina de la ciudad; sin embargo, el Ayuntamiento contaba con pocos recursos para acelerar la modernización de la ciudad.